25 de noviembre de 2013

SAN LEIBOWITZ Y LA MUJER CABALLO SALVAJE - Walter M. Miller Jr.

FICHA

Título: Sam Leibowitz y la mujer Caballo Salvaje
Título original: Saint Leibowitz ant the Wild Horse woman (1997) 
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova # 132 
Año de publicación: 2000
Traducción: Rafael Marín
Portada: Gemma Pellicer
Páginas: 510
Premios: -----
ISBN: 978-84-406-9737-6

VALORACIÓN:

7/10  Interesante

CONTRAPORTADA

Si la segunda parte de Cántico por Leibowitz mostraba, básicamente, el despertar del nuevo enfrentamiento entre la Iglesia y la ciencia, en 'San Leibowitz y la mujer Caballo Salvaje' se trata de la oposición entre la Iglesia y el poder secular en las inhóspitas tierras de las montañas Rocosas, habitadas por los nómadas.
     Esos nómadas son los nativos americanos, con una cultura parecida a la de los pieles rojas y cuya religiosidad se compara al catolicismo restaurado. San Leibowitz se enfrenta (o tal vez colabora) con la mujer Caballo Salvaje en las visiones del protagonista, el hermano Dientenegro, obligado a viajar por el continente dividido por la naturaleza, la política, la guerra y la religión. Dientenegro participa casi involuntariamente en las intrigas y conspiraciones del cardenal Ponymarrón, para ser testigo de rebeliones, asesinatos y sacrificios humanos y, también, para conocer el pecado, que hasta ese momento la vida monacal ha mantenido a raya.
     Picaresca y apasionada, magnífica, sombría y asombrosamente real, 'San Leibowitz y la mujer Caballo Salvaje' es un relato brutal, brillante y cautivador, lleno de misterio, misticismo y arrebato divino: un nuevo clásico que perdurará en la memoria del lector.

     "Un mundo tan cuidado y honestamente creado que uno empieza a pensar que es más real que el nuestro. Una historia llena de vida, vista a través de los ojos de un personaje que se mueve en la periferia de los acontecimientos narrados y cuya existencia, a pesar de ello, abarca todo el significado del relato. Es Hamlet tal como sería si el fantasma hubiera sido el héroe, obligado a contemplar la amarga carnicería que él mismo ha desencadenado."
Orson Scott Card

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